14 de marzo de 2025
Navegando en Nicaragua y El Salvador.
por Jorge Mora

Llegó el momento de cruzar los temidos Papagayos. Vientos que se aceleran en el lago Nicaragua y que pueden llegar hasta 60 nudos. Poca broma con los papagayos.
Decidimos adentrarnos en la zona de los papagayos al atardecer, justo cuando cae el sol y los vientos disminuyen un poco. Ese fenómeno sumado a la previsión que hacía que las rachas disminuyeran hasta los 15 nudos para esa tarde-noche hizo que nuestro cruce de Los Papagayos no fuera excesivamente duro.
La estrategia que seguimos no fue la más marinera, pero si la más segura. Remontaríamos los vientos a motor y fondearíamos cerca de la costa de Nicaragua. De noche y confiando que el viento iría disminuyendo conforme avanzábamos hacía la costa de Nicaragua.
Antes de cruzar el cabo Santa Elena el viento era nulo. Cero viento por ningún lado. Las altas montañas del Parque nacional nos protegían del viento. Llegamos a pensar que al otro lado del Cabo la situación sería igual y no íbamos a tener ni viento ni ola. Pero la realidad no fue así.

Tras doblar el cabo nos encontramos con las olas y el viento que estaba previsto. Unas olas que golpeaban fuerte y mantenían el NIU a una velocidad de 3 nudos y un viento intenso pero nada que no se pudiese remontar.
Desde Bocas del Toro que no nos funciona el anemómetro y no podemos saber la velocidad exacta, pero calculo que serían rachas de 20 nudos y vientos constantes de 15. Así estuvimos durante 6 horas hasta llegar a nuestro fondeo.
Como estaba previsto, la ola fue cayendo conforme nos acercábamos a la costa de Nicaragua y en las ultimas millas incrementamos la velocidad a 4 nudos y en el último tramo incluso a 5. Finalmente llegamos al fondeo de Playa Zacata a las 12 de la noche.
A las 5 de la mañana del día siguiente recogimos el ancla y pusimos rumbo a la marina Puesta de Sol en Nicaragua. Los Papagayos empezaron a soplar fuerte unas horas después, justo cuando estábamos a la altura de San Juan del Sur y pasábamos por delante del lago Nicaragua.

Navegar los papagayos cerca de la costa no tiene ningún problema. Nosotros llevábamos dos rizos y el génova enrollado por la mitad. Sin nada de ola y con vientos racheados que pasaban de 10 a 30 nudos en segundos, hacían que el NÏU se moviera entre velocidades de 4 a 9 nudos rápidamente.
Los Papagayos cayeron una vez pasamos el lago Nicaragua y nos toco navegar ayudados del motor el resto de la noche.
Aquella noche los vientos eran tan suaves que nos permitimos ver una película con nuestro proyector apuntando al génova.
A la mañana siguiente, cuando estábamos cerca de la ciudad de Corinto lanzamos la caña y pescamos dos maravillosos peces Sierra y un Jurel. Un de los dos peces Sierra se lo dimos a los marineros que nos ayudaron a amarrar el NÏU en la marina.


La entrada a la Marina Puesta del Sol no es sencilla. La marina se encuentra dentro de un estero y hay que entrar en marea alta porque los bancos de arena del estero se mueven y las profundidades no coinciden con las de la Carta Náutica del Navionics.

Las grandes olas del Pacifico rompen en la punta de la entrada y en la playa del estero y nosotros debíamos pasar por el medio. No hace falta decir que no era un momento relajado. La corriente en contra de la vaciante hacía que avanzáramos a tan solo 3 nudos y un mar revuelto que parecía estar en ebullición ponía la guinda al pastel.
Una vez pasamos la entrada todo resultó mucho más sencillo pero un error de cálculo con la corriente hizo que en una virada golpeáramos con una de las boyas de señalización. El golpe nos dejó varios rasguños por encima de la linea de flotación. Mas adelante me tocaría hacer un apaño al golpe con un poco de fibra.
Finalmente llegamos a la marina el 16 de Febrero, después de navegar 180 millas desde Bahía Huevos en Costa Rica.
La entrada en el país fue bastante sencilla. La misma marina se encargó de avisar a Inmigración, aduanas y autoridad portuaria y traerlos en taxi desde Corinto. Por supuesto nosotros pagamos el taxi y todos los costes burocráticos que para Nicaragua no son baratos. El proceso se realiza en la misma marina y en menos de media hora lo teníamos todo listo. ¡Ya estábamos de forma legal en Nicaragua!
Nicaragua no es un destino de navegantes, la mayoría de Americanos y Canadienses que bajan y suben desde Panamá se saltan Nicaragua y El Salvador. Por este motivo estuvimos completamente solos en la marina la semana que estuvimos allí. La piscina era nuestra durante todo el día. Solo se veía por allí a la gente de mantenimiento.

Aprovechamos nuestra semana en Nicaragua y alquilamos un Todoterreno para visitar el interior del país y sobre todo sus volcanes.
El 21 de Febrero nos trajeron el 4x4 hasta la marina y pusimos rumbo a León, pero antes pararíamos para visitar el volcán San Cristobal.
Subimos con el 4x4 por un camino de arena durante casi una hora para llegar a un punto en el cual había una verja donde no podíamos seguir adelante. Al regresar de vuelta a la carretera nos encontramos con el guarda que subía para abrir la finca, pero ya estábamos muy abajo y decidimos seguir nuestro camino a León.
En León nos esperaba Miriam, amiga de Gemma del velero Moira que conocimos en Puerto Velero en el año 2019. Gemma se enteró que íbamos a estar por Nicaragua y nos dio el contacto de una buena amiga suya que vivía en León y que estaría encantada de recibirnos en su casa.
Una vez llegamos al hotel Cacique en León, nos vino a buscar Miriam para hacernos un Tour por León y llevarnos hasta su casa a cenar. Allí probamos la comida típica de Nicaragua y pasamos un rato charlando con Miriam y su hermano.



Al día siguiente dejamos León y pusimos rumbo al Volcán Cerro Negro. Un volcán conocido en Nicaragua porque es posible deslizarse a toda velocidad desde la boca del volcán hasta la base con unas tablas de madera. Nuestro grado de aventura extrema es bastante bajo y solo fuimos a visitarlo por la zona baja.



Ese mismo día regresamos a la marina y el 24 de Febrero hicimos el zarpe internacional a La Unión en el Salvador.
Zarpamos a primera hora de la mañana y pudimos navegar gran parte de la jornada a vela. Un viento de aleta que venía del océano nos empujaba perfectamente hasta nuestro siguiente fondeo. Una pequeña bahía en la isla Meanguera.

Allí pasamos nuestra primera noche en territorio de El Salvador. Esa misma noche tuvimos una tormenta que vino de la zona de Honduras. Al parecer es típico en esa zona que por la noche se formen tormentas con fuertes vientos que vienen de la parte contraria de donde estábamos protegidos. La tormenta no fue muy grave y medía hora después las olas y el viento calmaron.
Al día siguiente, después de comprar un bonito Pargo a unos pescadores locales, pusimos rumbo a La Unión, pisando suelo en El Salvador a medio día e iniciando el siempre tedioso proceso de tratar con los diferentes organismos.

Inmigración fue relativamente sencillo, pero la autoridad portuaria nos tuvo en sus oficinas hora y medía, y claro, un niño de 4 años encerrado dentro de una oficina tanto tiempo, acaba subiéndose por las paredes. En nuestro caso, Erik acabó subiéndose por las verjas.




En la Unión estuvimos fondeados 3 días y nuestra idea original era hacer un zarpe nacional y navegar desde La Unión hasta la marina de Bahía del Sol y desde allí hacer el zarpe internacional a México.
La marina Bahía del Sol es una marina que se encuentra dentro de un Estero y para entrar es obligado contratar a un piloto que sale a buscarte para guiarte y cruzar la barra por la zona donde hay mas profundidad.
A diferencia de la marina de Nicaragua, en este estero las olas si que rompen en la entrada y debes surfear las olas a toda maquina. Algo que realmente no me hacía mucha gracia pero que estaba dispuesto a asumir porque como suele ocurrir en estos casos, la realidad suele ser inferior a lo que te imaginas.
Traté de ponerme en contacto con el piloto que debía ayudarnos a cruzar la barra pero no obtuve ninguna respuesta. Finalmente decidimos que desde La Unión haríamos el zarpe internacional y pondríamos rumbo a la marina de Chiapas en México. En el fondo, no quería surfear las olas de la barra y el no obtener respuesta del piloto me puso la decisión en bandeja.
El 28 de Febrero hicimos el zarpe Internacional de El Salvador y al día siguiente por la mañana pusimos rumbo a la marina de Chiapas. Una navegación de 317 millas que realizamos en 65 horas. Esquivando pescadores cerca de la costa de El Salvador durante toda la noche, despertándome a las 2 de la mañana y encontrándome a menos de una milla de un crucero totalmente iluminado cerca de la costa de Guatemala y un último tramo remontando un viento en contra de 20 nudos durante 5 horas que nos hizo recordar la remontada de los Papagayos y terminó de confirmar que nuestro catamarán ciñe a partir de los 60 grados y que con vientos de frente superiores a 15 nudos no alcanzamos los 4 nudos de velocidad.
Llegamos a la marina de Chiapas el 4 de Marzo del 2025. Allí pasaríamos un mes esperando la ventana perfecta para cruzar el siguiente gran obstáculo de nuestra travesía al mar de Cortés. El temido golfo de Tehuantepec.














