10 de junio de 2025
Navegando desde Chiapas hasta La Cruz.
por Jorge Mora

Solo hay dos tramos complicados en la subida desde Panamá hasta Mexico. El primero lo cruzamos unas semanas atrás entre Costa Rica y Nicaragua. El segundo lo teníamos a pocas millas de nosotros. El Golfo de Tehuantepec.
Llegamos a la marina de Chiapas el 4 de Marzo tras haber navegado 317 millas desde El Salvador. Empezaba el proceso de entrada en el país. La agotadora burocracia mejicana.
Afortunadamente la marina de Chiapas te acompaña durante todo el proceso de registro. A nosotros nos llevó 3 días obtener el sello de los pasaportes, la declaración de aduanas y la importación temporal de la embarcación. Un autentico coñazo. Menos mal que la tripulación no era necesario que me acompañara en todo el proceso y lo pude gestionar yo solo.
Cuando llegamos a la marina nos abordaron todos los organismos: Aduanas, Inmigración y los militares con perros policía para comprobar si llevábamos algo a bordo. Todo puro teatro.
Tras casi una hora enseñando documentos del barco y revisando pasaportes se fueron todos por donde habían venido. Pensaba que ya teníamos todo el papeleo listo, iluso de mi. La realidad es que no habían hecho nada porque los días siguientes me toco visitar a cada uno de los organismos en sus propias oficinas. Eficiencia Made in Mexico. Lo dicho, puro teatro! Por lo menos no fueron groseros y nos permitieron tomar fotos con ellos. Señal de que son buena gente.

Con la excusa de esperar la ventana perfecta para cruzar el golfo de Tehuantepec, pasamos el mes de Marzo en la marina de Chiapas.
La marina es pequeña pero perfecta. Encerrada dentro de una zona de manglares donde el barco no se mueve nada, con unas instalaciones bien mantenidas y a muy bien de precio, incluso para los catamaranes.


La realidad es que podríamos haber cruzado el golfo de Tehuantepec una semana después de haber llegado, pero estaba agotado de navegar. Subir desde Panamá hasta Mexico se hizo muy pesado. Muchas horas de motor y poca navegación a vela. Ese tipo de navegación que te hace replantearte muchas cosas.
En la marina estábamos de lujo. Una tiendita para comprar lo básico y una piscina con su barecito para pasar los ratos libres.

La marina se encuentra a media hora de Tapachula. Una de las principales ciudades de Chiapas y allí que fuimos día si y día no. Con centros comerciales y grandes supermercados era el paraíso de la tripulación. Yo me quedaba muchos días arreglando cosas del barco y ellas aprovechaban para dar rienda suelta a su vena consumista.


Un par de días los pasamos en un parque acuático de la ciudad y otros días los pasamos visitando la feria…
Allí conocimos a Carlota y Mehdi del Velero Vegvisir, que llevaban atrapados en Chiapas desde hacía varios meses y que iban a estar allí por lo menos hasta finales de Noviembre. Un problema con la quilla les obligó a sacar el barco fuera del agua y allí van a seguir hasta que lo reparen.


Para finales de Marzo llegó la ventana perfecta para cruzar el golfo de Tehuantepec. Al igual que ocurre con los papagayos de Costa Rica, los vientos del Golfo de Tehuantepec que llegan desde el Golfo de Mexico se aceleran en esa zona y pueden llegar a convertirse en vientos huracanados. Los navegantes experimentados recomiendan navegar pegados a la costa para evitar las olas, pero con la previsión que teníamos por delante no iba a ser necesario. Podíamos cruzar alejados de la costa y poner rumbo directo hasta Acapulco. Nuestro siguiente destino.
El 4 de Abril zarpamos a las 6:30h de la mañana. A las 6:00h teníamos a bordo a los militares para hacer el paripé con el perro y a la gente de inmigración y capitanía del puerto para hacer el zarpe nacional.
Zarpamos casi sin viento y hacía mediodía empezó a subir el viento y pudimos ceñir un poco. Gran parte de la travesía la realizamos a motor, Las velas las teníamos arriba solo para lucir. Pero preferíamos eso a tener que navegar con fuertes vientos y olas de 3 metros.
Cerca de la costa la corriente era toda en contra, por ese motivo decidimos alejarnos de la zona de Huatulco y dar el salto directo a Acapulco. Huatulco tiene muchas calas y playas donde fondear pero no iba a parar y después tener que luchar contra viento y corriente.
Llegamos a Acapulco la noche del 7 de Abril, tras 478 millas. La primera noche la pasamos en Bahía Puerto Marqués. Una pequeña bahía cercana a la ciudad. Allí echamos el ancla a las 9 de la noche y descansamos después de 3 días y 3 noches de navegación.

A la mañana siguiente ya entramos navegando a la Bahía de Acapulco. Una Bahía enorme donde pasamos dos noches amarrados a una boya.


La ciudad de Acapulco sufrió un huracán de Categoría 5 en Octubre de 2023. El huracán arrasó la ciudad y sus efectos todavía eran visibles dos años después. Casas sin ventanas y fachadas destrozadas. El huracán arrasó con las dos marinas que tenía la ciudad. Un centenar de barcos se hundieron y la mayoría seguían bajo sus aguas. Un auténtico desastre. Aun así, bajamos a la ciudad y conocimos las partes más turísticas. Visitamos el Fuerte San Diego, el Zócalo, el Mirador Sinfonía del Mar y La Quebrada donde vimos a los famosos saltadores haciendo el espectáculo de los clavados.








El 10 de Octubre decidimos dejar la ciudad y echar el ancla a las afueras de Acapulco. En la pequeña isla Roqueta a tan solo 5 millas de donde estaban la boyas. Allí pasaríamos un día y a las 2 de la mañana pusimos rumbo a Papanoa, nuestro siguiente fondeo que se encontraba a 75 millas. Un fondeo protegido dentro de un espigón donde estaba repleto de restaurantes con toboganes y un parque acuático donde el día siguiente fuimos todos a pasar la mañana.


Papanoa es un fondeo donde la mayoría de navegantes no suele parar, pero nosotros teniendo niños a bordo era parada obligatoria.
Dos días después pusimos rumbo a Zihuatanejo. Una ciudad muy turística al norte de Acapulco. Allí decidimos pasar una sola noche y continuar la noche siguiente hasta nuestro siguiente destino en Manzanillo, en la pequeña bahía donde se encuentra el Hotel las Hadas.


Llegamos el 16 de Abril a las 4 de la mañana. Allí echamos el ancla y pasamos 4 noches. Celebramos el cumpleaños de Sara en el Hotel las Hadas y conocimos a una familia de Guadalajara a la cual invitamos a bordo para que cantaran “las mañanitas” a Sara. Se portaron muy bien con ella. Le hicieron una tarta y estuvieron jugando con las hijas toda la tarde.



El último día lo pasamos con ellos en la cercana playa de Miramar donde nos invitaron a comer y nos despedimos con la intención de volver a vernos alguna vez en Guadalajara. María mantiene el contacto con ellos. Buena gente!
El 21 de Abril zarpamos de madrugada rumbo a Barra de Navidad. 25 millas a motor en las que pescamos un Atún de Aleta Amarilla. Una auténtica delicia.



En Barra de Navidad pasamos 3 noches. Un fondeo totalmente protegido de las olas del Pacífico y donde hay una marina que tiene un hotel de 5 estrellas con toboganes y donde nos colamos los 3 días que estuvimos allí.
El último día llegaron Nicolas y Mayte del Louro. En el hotel nos tomamos unas cervezas y nos despedimos porque el día siguiente ellos tenían la intención de seguir navegando hasta La Cruz de Huanacaste y nosotros solo íbamos a navegar hasta la playa cercana de Tenacatita.


Al final el Louro decidió no pelear contra olas y viento y también paró en Tenacatita.
Allí pasamos dos noches donde empezamos a conocer a familias con niños. Volvíamos a ver barcos en fondeos y notábamos que nos acercábamos a zonas donde los americanos suelen hacer comunidad y pasar la temporada de Invierno.
Nosotros teníamos la intención de continuar y seguir hasta nuestro destino final en el Mar de Cortés. Así que el 26 de Abril navegamos 30 millas hasta Isla Cocinas. Un parque natural donde está prohibido bajar a las islas sin autorización. Ya se encargaron los guardias del parque de informarnos y amablemente echarnos de la isla.


A la mañana siguiente pusimos rumbo a lo que fue el fondeo más movido de todos los que estuvimos en la costa del pacífico mejicano, Bahía Ipala. Allí llegamos a mediodía y después de comer decidimos bajar a tierra con la mala suerte que el dinghy se metió debajo del catamarán y el tejido de la proa del dinghy acabo todo rasgado. No deberíamos haber bajado con tanto oleaje.
Al día siguiente pusimos rumbo a la bahía de Puerto Vallarta. Nuestros amigos del Louro nos recomendaron que fuésemos a la Cruz de Huanacaste a realizar las compras y a llenar los depósitos de Diesel. Allí que fuimos a llenar la despensa y los depósitos y por la tarde noche decidimos navegar unas millas hasta Punta Mita donde echamos el ancla y descansamos para el día siguiente prepararnos para cruzar por primera vez el Mar de Cortés de Este a Oeste. Nos separaban más de 300 millas hasta Bahía de los Muertos en Baja California Sur. Nuestra última etapa de este viaje interminable desde Panamá.


















