27 de febrero de 2025
Navegando en Costa Rica.
por Jorge Mora

Costa Rica es un país orientado a la protección y cuidado de su mayor recurso, la naturaleza. El turismo de parques naturales es su principal fuente de ingresos y es gracias a su naturaleza exuberante que muchos millonarios deciden trasladar su residencia al país y poder disfrutar de la naturaleza y tranquilidad que no encuentran en su propio país.
Costa Rica nos tenía preparada una de las noticias más duras desde que zarpamos de Gandia en el año 2018.
Maria y yo hemos comentado en alguna ocasión que en el caso de fallecer un familiar cercano, lo más probable es que no podríamos acudir a su funeral. Somos nómadas y rara vez podemos dejar el barco en una marina y poder volar a España de urgencia. Sin embargo, en Costa Rica, varías circunstancias hicieron que si que estuviésemos en una marina cuando recibimos la terrible noticia desde España.
El 17 de Diciembre llegamos navegando a Costa Rica desde Panamá. Una navegación tranquila en la que prácticamente toda la travesía la realizamos a motor.
El registro de entrada en Costa Rica no es sencillo. Debes acudir a 4 organismos diferentes y realizar los pagos mediante ingreso bancario, con lo que debes acudir a un banco y hacer el ingreso personalmente, lo que se traduce en varias horas haciendo colas de un lugar a otro. Una burocracia que odio con toda mi alma. Por este motivo, decidí pasar las primeras dos noches en la marina Banana Bay de Golfito. Había leído que Yessi, la encargada de la marina, te ayuda a realizar las gestiones. Te ayuda con el ingreso en el banco, prepara las miles de fotocopias que necesitas y te acompaña a cada una de las oficinas con su propio coche. Para mi, todo ese servicio, justifica los 150 dólares que le tuve que pagar.


En la marina de Banana Bay pasamos los dos primeros días realizando papeleos y limpiando y organizando el barco. El tercer día decidimos echar el ancla a 200 metros de la marina y empezar a planificar lo que iban a ser nuestras cuartas navidades fuera de España.
La ciudad de Golfito es una ciudad pequeña pero con varios lugares de interés para Sara, Mia y Erik. El hotel Casa Roland con sus piscinas, la tiendíta donde vendían batidos especiales y la marina de Golfito con su heladería y su restaurante donde celebramos la Nochebuena.


Al regresar de la cena de Nochebuena, Papa Noel había dejado sus regalos en el barco. Este año, a diferencia de los 3 años anteriores, no pudimos ver ni hablar con Papa Noel. Estábamos solos en la marina. No habían barcos con niños con los que poder compartir la ilusión de esa noche.


Los días siguientes fueron días de lluvia y no vimos el sol en varios días. En el NÏU contamos con un generador portátil que utilizamos para cargar baterías en días como estos. Un generador que habíamos comprado tan solo 3 meses atrás pero que de repente dejó de funcionar y nos toco volver a entrar a la marina para poder cargar baterías. Allí estuvimos dos noches más y el tercer día cuando salíamos dirección a Puerto Jimenez recibimos la llamada de mi hermano Quique informándonos que mi hermano Javi había fallecido. Fue un momento de Shock, era el 30 de Diciembre y todos nuestros planes acababan de derrumbarse.

Regresamos a la marina y allí tuve que dejar el barco y a mi familia durante una semana para regresar a España en vuelo de urgencia para poder despedir a mi hermano en el Tanatorio el 2 de Enero. Fueron días muy difíciles tanto para mi que tuve que volar a España como para Maria que se tuvo que quedar con las nenas y Erik en la marina.
Los vuelos los cogí in extremis y pude llegar a tiempo al funeral, pero tenemos claro que fue una coincidencia. Si el generador no hubiese fallado no habríamos estado cerca de la marina y no habría podido coger los vuelos.
Fue difícil dejar a la familia toda la semana. Despedirme de ellos deprisa para poder coger el vuelo de la avioneta que me llevaría a San Jose esa misma tarde. Un vuelo internacional en el que la gente celebró el cambio de año a bordo del avión y yo no pude pegar ojo en todo el trayecto. No dejaba de pensar en Javi y en sus hijos, en el momento de darle la noticia a mi madre cuando llegase a España, en todo lo que iba a ocurrir el día 2 de Enero en el Tanatorio. Sin duda, fue la peor entrada de año de toda mi vida.
El 3 de Enero emprendía el regreso a Golfito y el 5 de Enero por la mañana llegaba de nuevo al NÏU. Las emociones estaban a flor de piel. Yo no había dormido prácticamente nada en los días anteriores pero estaba inmensamente feliz de volver a estar con mi familia a bordo del NÏU. Celebramos la noche de reyes en el restaurante de la Marina de Golfito y regresamos al barco para preparar los vasos de leche y los dulces para la noche de Reyes.


A la mañana siguiente el comedor del NÏU estaba repleto de regalos. Algo más de lo que suele ser habitual porque parece ser que los Iaios habían conseguido algún método para que los regalos que normalmente dejan en su casa de Ontinyent los dejasen esta vez en el barco.



Fue una bonita mañana pero habíamos decidido que ese mismo día navegaríamos las 10 millas que separaban Golfito de Puerto Jimenez. Quería dejar atrás aquella marina y continuar con nuestra vida nómada.
Al llegar a Puerto Jimenez me doy cuenta que la bomba de agua salada del motor de estribor perdía agua. Vuelvo a arrancar el motor para comprobar por donde pierde agua y me doy cuenta que no saca agua por el escape. Me quedo con la duda de si ha sido casualidad que al arrancar el motor no salga agua o hemos hecho la travesía sin refrigerar el motor.
Desmonto la bomba de agua y veo que los rodamientos estaban completamente corroídos. Por suerte tengo rodamientos y retén de repuesto para sustituirlo. Al día siguiente voy a un taller de Puerto Jimenez para que me ayuden a extraer el eje y sustituyo los rodamientos y los retenes. Cuando regreso al barco e instalo la bomba me doy cuenta que sigue perdiendo una gotita pero el motor ya refrigera. Podría navegar así durante muchas horas, pero dudo si es lo correcto.
Tras consultarlo con la almohada, el día siguiente decido comprar una bomba de agua salada nueva en Amazon y un kit de repuesto para sustituir rodamientos y retenes si fuese necesario. Nos toca esperar 10 días más en Puerto Jimenez y regresar a Banana Bay con el dinghy para recoger el repuesto.
Finalmente recibimos las piezas el 17 de Enero y tras instalar la bomba me doy cuenta que a la bomba nueva le sigue cayendo una gotita, la bomba era una imitación de la original. La casa Yanmar de Costa Rica me daba un mes y medio de plazo de entrega y la bomba que compré de amazon era una replica barata China con la mala suerte de que llegó defectuosa!! Maldita sea!! decido dejar la bomba como está y salir a navegar al día siguiente hasta Bahía Ballena donde celebraríamos el cumple de Maria por todo lo alto. La gotita cada vez era menor, pero yo sabía que con el tiempo tanto los rodamientos como el retén acabarían corroídos. En cualquier caso, tengo un kit de repuesto y la bomba antigua a la que le cae una gotita. ¡Apañaos vamos!
En Bahía Ballena pasamos dos noches. Un lugar remoto en el que únicamente se puede llegar navegando y donde hay un hotel con un restaurante de lujo. Allí pasamos el día 22 de Enero celebrando el cumple de María y relajándonos en sus tumbonas de playa y bebiendo mojítos. Un extra que no hacemos muy a menudo.



Dos días después nos movimos a las cercana Isla Tortuga y un día después a Playa Curú donde hicimos un tour por la reserva natural y sus senderos. Alquilamos unos caballos y paseamos durante una hora por toda la finca donde pudimos ver monos, venados y toda clase de aves y animales.
El 27 de Enero pusimos rumbo noroeste. Hicimos noche en Bahía Samara para llegar el día siguiente a Bahía Potrero.


En Bahía Potrero y su cercana Playa Dante pasamos 5 días en total. Desde allí pondríamos rumbo a Playa del Coco donde nos tocaría esperar hasta 10 días para encontrar una buena ventana y dar el salto a Nicaragua.
Playa del Coco tenía un buen parque para que Erik soltase toda su energía acumulada. Bajábamos todas las tardes con la esperanza de encontrar otros niños con los que Erik pudiese correr y jugar sin parar.

Esperábamos y esperábamos pero la ventana de buen tiempo no llegaba, al final decidimos cruzar la zona de los Papagayos el 15 de Febrero. No fue la mejor opción pero si la menos mala. Las rachas disminuían por la tarde hasta los 15 nudos, así que decidimos remontar los papagayos hasta la costa de Nicaragua y una vez allí poner rumbo oeste bien pegaditos a la costa para evitar las olas. Esa era nuestra estrategia.
Decidimos hacer el zarpe internacional de Costa Rica desde Playa del Coco el 11 de Febrero y movernos poco a poco hacia el oeste para estar el día 15 por la tarde en Islas Murciélagos.
En nuestra ruta hacia Islas Murcielagos, paramos a conocer a los rusos del velero Taybox Express en la Bahía Panamá. Una familia con una hija que sin experiencia en navegación decidieron comprar un velero en 2024 en Panamá y poner rumbo a Mexico. Una vida extrema! Refugiados de su propio país al que no pueden regresar y tratando de buscar asilo en algún país. Creen que Mexico puede ser su solución, pero no lo saben. Han pasado todo tipo de calamidades. El mar es duro y sin experiencia ni recursos puede resultar terrorífico. Querían cruzar los papagayos con nosotros pero con su motor y 15 nudos en contra, la velocidad de su velero no subía por encima de 2 nudos. Deberían encontrar una ventana mejor que la nuestra y ya llevaban esperando 3 meses a su ventana perfecta.
Los papagayos son los vientos alisios del Caribe que se aceleran en la zona del Lago Nicaragua y provocan fuertes rachas de viento en el lado del Pacifico de Nicaragua. Es habitual encontrar rachas de 40 nudos. Nosotros mientras estuvimos fondeados en Playa del Coco sentíamos las rachas por encima de 30 nudos todos los días.
Nos despedimos de los rusos el 14 de Febrero y pusimos rumbo a Bahía Huevos. Una pequeña bahía al noroeste de Costa Rica. Allí echamos el ancla y pasamos la noche. Al día siguiente visitamos dos cuevas escavadas por las fuertes olas en la playa e hicimos nuestra última barbacoa en Costa Rica. Esa misma tarde pusimos rumbo oeste hacía el cabo Santa Elena decididos a cruzar los temidos papagayos.



























